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martes, 5 de enero de 2010

Cuando dos se besan el mundo cambia

Cuando dos se besan el mundo cambia, por eso no es posible besar dos veces la misma boca, por eso el quijote no está escrito, por eso no puedo ver la misma película dos veces, por eso no puedo decir que te amo o te ame o te amaré.
El equilibrio se ha vuelto un mito de dos caras, sólo dos: la libre interpretación es imposible cuando uno tiembla de miedo ante la idea de sucumbir al amor; de sucumbir para el otro y no con el otro, que no es lo mismo. Las medias naranjas son un mito, como el viejo del costal; yo no conozco ninguna, ni para mi ni para nadie; las naranjas vienen completas con proyectos y vidas completas; con su propia novela narrada por dentro o con su inventario actualizado según el alma, el clima, el ánimo y la economía de aquel en cuestion.
Abandonar el juicio; nadie vive de sólo eso, ni es sólo eso. La realidad nos aborda, la imagincaión es un golfa de labios dulces y piernas fáciles y amor que luce cierto entre sus brazos; pero no para siempre.
Quién lo soporta, quién quiere perder el juicio y entregarse a esa vida bohemia de aquellos que la escriben pero que jamás la vivirian; de aquellos que tienen la idea de ser trotamundos mientras están sentados en el sillón reclinable de su casa amplia con ventanales que no dan a la ciudad, escribiendo para que alguien más; ni mas tonto ni más loco ni más absurdo, solo más ingenuo, se lanze a la perdición segura a traves del mito de ser algo que nadie es. Ni Frida era tan Frida, y Coco Chanel era una puta. El mito agoniza y arrastra a quienes más puede a su paso; sucumbo cuando me rondan estas palabras y sentimientos, entonces me doy el lujo de instalarme una noche en mi novela, un monólogo repetitivo y acaso honesto pero duro y atemporal. Los dos estamos en él, todos estamos en él.
Yo estoy segura de que cuando dos se besan el mundo cambia, como diría Paz, pero también sé en mis entrañas que aunque no haya besos el mundo se mira distinto desde hace algún tiempo.
El mito del beso, la significancia del acto más representativo del llamamado amor, trasciende de los labios, trasciende de la piel; se eleva a un estado fantasmagórico de alma en pena que eriza la piel cuando su sólo recuerdo se hace presente. Los besos son una brisa guiada por una mano, por una mirada; un beso es la creación imaginaria o real del amante anhelado y nunca poseído.
El beso se ha desmaterializado, es un estado mental, no se sabe si pacífico o agitador, si sensato o rabiosamente esquizofrénico. Tu entiendes de los besos que hablo; mi mayor preocupación en este instante es saber si has besado a alguien en esta sublime forma; si tu mundo cambio por un beso; y mas aún, si es que eres un desmaterializador de besos; si retienes sólo su esencia en algún rincón de tu cabal y reacia personalidad. Saber si los besos que te doy cada noche es lo que me tiene al borde de la locura, empujándome a la cornisa de las letras con la firme intención de lanzarme contra mis palabras, mis sentencias, obligándolas a entrar otra vez en mi cuerpo.

1 comentario:

  1. La realidad nos aborda, la imaginación es un golfa de labios dulces y piernas fáciles y amor que luce cierto entre sus brazos; pero no para siempre.

    Maravillosa frase. Veo con gran placer que empiezas a vaciar los cajones del escritorio y de la memoria, no dejes de escribir, un abrazo.

    Marváz.

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