Sueño que alguien muere
quien duerme a mi lado
sueña lo mismo
Camino sonriente
en un minuto
la postal se rompe
Los edificios son más fríos
el aire corre rápido, alto
no camino, el viento me lleva
De una corona
cayeron dos tallos
coronados hermosamente
A mitad de un cuadro
esperan la muerte
resignadas y preciosas
¿Una mera casualidad?
Mi mano las arranca
de su segundo peor destino
Una mano con sangre
otra con frío
somos las tres trío y compañía
La incredulidad acecha
decidió espiar en la esquina
de puntillas cruzamos la calle
Yacemos en el sillón
lloramos a un tiempo
nos besa el olvido
Pierdo un segundo
el adorno de la muerte,
la inocencia todo lo limpia
En sus manos que son
la mitad de las mías
todo brilla y luce mejor
Nada brilla menos
que mis ojos
bajo la luz neón
Un matiz de ilusión
pretende engañar
ese que soy ahora
apenas hace unas horas...
.
.
jueves, 14 de enero de 2010
Para los muertos
Rosas rojas para los muertos
en el piso
negándose a morir también
Tan hermosas y perfumadas
no puedo sino
recogerlas y quitarles las espinas
Malditas y suaves
hieren mis manos
abren mis ojos y embriagan el aire
En la acera quedaron dos pétalos
también se quedó una lili
...ahora son mis rosas rojas...
en el piso
negándose a morir también
Tan hermosas y perfumadas
no puedo sino
recogerlas y quitarles las espinas
Malditas y suaves
hieren mis manos
abren mis ojos y embriagan el aire
En la acera quedaron dos pétalos
también se quedó una lili
...ahora son mis rosas rojas...
martes, 5 de enero de 2010
Cuando dos se besan el mundo cambia
Cuando dos se besan el mundo cambia, por eso no es posible besar dos veces la misma boca, por eso el quijote no está escrito, por eso no puedo ver la misma película dos veces, por eso no puedo decir que te amo o te ame o te amaré.
El equilibrio se ha vuelto un mito de dos caras, sólo dos: la libre interpretación es imposible cuando uno tiembla de miedo ante la idea de sucumbir al amor; de sucumbir para el otro y no con el otro, que no es lo mismo. Las medias naranjas son un mito, como el viejo del costal; yo no conozco ninguna, ni para mi ni para nadie; las naranjas vienen completas con proyectos y vidas completas; con su propia novela narrada por dentro o con su inventario actualizado según el alma, el clima, el ánimo y la economía de aquel en cuestion.
Abandonar el juicio; nadie vive de sólo eso, ni es sólo eso. La realidad nos aborda, la imagincaión es un golfa de labios dulces y piernas fáciles y amor que luce cierto entre sus brazos; pero no para siempre.
Quién lo soporta, quién quiere perder el juicio y entregarse a esa vida bohemia de aquellos que la escriben pero que jamás la vivirian; de aquellos que tienen la idea de ser trotamundos mientras están sentados en el sillón reclinable de su casa amplia con ventanales que no dan a la ciudad, escribiendo para que alguien más; ni mas tonto ni más loco ni más absurdo, solo más ingenuo, se lanze a la perdición segura a traves del mito de ser algo que nadie es. Ni Frida era tan Frida, y Coco Chanel era una puta. El mito agoniza y arrastra a quienes más puede a su paso; sucumbo cuando me rondan estas palabras y sentimientos, entonces me doy el lujo de instalarme una noche en mi novela, un monólogo repetitivo y acaso honesto pero duro y atemporal. Los dos estamos en él, todos estamos en él.
Yo estoy segura de que cuando dos se besan el mundo cambia, como diría Paz, pero también sé en mis entrañas que aunque no haya besos el mundo se mira distinto desde hace algún tiempo.
El mito del beso, la significancia del acto más representativo del llamamado amor, trasciende de los labios, trasciende de la piel; se eleva a un estado fantasmagórico de alma en pena que eriza la piel cuando su sólo recuerdo se hace presente. Los besos son una brisa guiada por una mano, por una mirada; un beso es la creación imaginaria o real del amante anhelado y nunca poseído.
El beso se ha desmaterializado, es un estado mental, no se sabe si pacífico o agitador, si sensato o rabiosamente esquizofrénico. Tu entiendes de los besos que hablo; mi mayor preocupación en este instante es saber si has besado a alguien en esta sublime forma; si tu mundo cambio por un beso; y mas aún, si es que eres un desmaterializador de besos; si retienes sólo su esencia en algún rincón de tu cabal y reacia personalidad. Saber si los besos que te doy cada noche es lo que me tiene al borde de la locura, empujándome a la cornisa de las letras con la firme intención de lanzarme contra mis palabras, mis sentencias, obligándolas a entrar otra vez en mi cuerpo.
El equilibrio se ha vuelto un mito de dos caras, sólo dos: la libre interpretación es imposible cuando uno tiembla de miedo ante la idea de sucumbir al amor; de sucumbir para el otro y no con el otro, que no es lo mismo. Las medias naranjas son un mito, como el viejo del costal; yo no conozco ninguna, ni para mi ni para nadie; las naranjas vienen completas con proyectos y vidas completas; con su propia novela narrada por dentro o con su inventario actualizado según el alma, el clima, el ánimo y la economía de aquel en cuestion.
Abandonar el juicio; nadie vive de sólo eso, ni es sólo eso. La realidad nos aborda, la imagincaión es un golfa de labios dulces y piernas fáciles y amor que luce cierto entre sus brazos; pero no para siempre.
Quién lo soporta, quién quiere perder el juicio y entregarse a esa vida bohemia de aquellos que la escriben pero que jamás la vivirian; de aquellos que tienen la idea de ser trotamundos mientras están sentados en el sillón reclinable de su casa amplia con ventanales que no dan a la ciudad, escribiendo para que alguien más; ni mas tonto ni más loco ni más absurdo, solo más ingenuo, se lanze a la perdición segura a traves del mito de ser algo que nadie es. Ni Frida era tan Frida, y Coco Chanel era una puta. El mito agoniza y arrastra a quienes más puede a su paso; sucumbo cuando me rondan estas palabras y sentimientos, entonces me doy el lujo de instalarme una noche en mi novela, un monólogo repetitivo y acaso honesto pero duro y atemporal. Los dos estamos en él, todos estamos en él.
Yo estoy segura de que cuando dos se besan el mundo cambia, como diría Paz, pero también sé en mis entrañas que aunque no haya besos el mundo se mira distinto desde hace algún tiempo.
El mito del beso, la significancia del acto más representativo del llamamado amor, trasciende de los labios, trasciende de la piel; se eleva a un estado fantasmagórico de alma en pena que eriza la piel cuando su sólo recuerdo se hace presente. Los besos son una brisa guiada por una mano, por una mirada; un beso es la creación imaginaria o real del amante anhelado y nunca poseído.
El beso se ha desmaterializado, es un estado mental, no se sabe si pacífico o agitador, si sensato o rabiosamente esquizofrénico. Tu entiendes de los besos que hablo; mi mayor preocupación en este instante es saber si has besado a alguien en esta sublime forma; si tu mundo cambio por un beso; y mas aún, si es que eres un desmaterializador de besos; si retienes sólo su esencia en algún rincón de tu cabal y reacia personalidad. Saber si los besos que te doy cada noche es lo que me tiene al borde de la locura, empujándome a la cornisa de las letras con la firme intención de lanzarme contra mis palabras, mis sentencias, obligándolas a entrar otra vez en mi cuerpo.
domingo, 3 de enero de 2010
Alguien debe morir
Podemos esperar a que ella muera,
pero podríamos morir cualquiera de nosotros...
Lo vi en tus ojos sólo un segundo
la duda y toda la intención del mundo
de mirarme largamente luego de besarnos en la cama
Si no estuviera en lo que estoy -dijiste-
y el silencio se hizo largo pero claro y certero
tu mano jalando la mía disiparon cualquier confusión
Podría morir ella
y tendría que esperar paciente
el duelo, la partida de los otros
Podrías morir tu
y tendría que suplicar para llorar
sobre tu féretro y nuestras flores
y no tendría más remedio que amarla a ella
por haber sido capaz de tenerte y detenerte a su lado
por impedirte estar conmigo justo en este momento
Pero podría morir yo
y entonces nada cambiaría
algún día recordarías mis besos
y escribirías dos líneas sobre ellos
pero podríamos morir cualquiera de nosotros...
Lo vi en tus ojos sólo un segundo
la duda y toda la intención del mundo
de mirarme largamente luego de besarnos en la cama
Si no estuviera en lo que estoy -dijiste-
y el silencio se hizo largo pero claro y certero
tu mano jalando la mía disiparon cualquier confusión
Podría morir ella
y tendría que esperar paciente
el duelo, la partida de los otros
Podrías morir tu
y tendría que suplicar para llorar
sobre tu féretro y nuestras flores
y no tendría más remedio que amarla a ella
por haber sido capaz de tenerte y detenerte a su lado
por impedirte estar conmigo justo en este momento
Pero podría morir yo
y entonces nada cambiaría
algún día recordarías mis besos
y escribirías dos líneas sobre ellos
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